El calentamiento previo al partido: la oportunidad de coaching que la mayoría de los entrenadores desperdician

Coaching 10112 min de lectura

Dave Wright y James Coutts, de PDP, explican por qué el calentamiento previo al partido es mucho más que preparar el cuerpo: es tu mejor ventana para construir confianza, activar la mentalidad competitiva y conectar individualmente con cada jugador.

¿Alguna vez te has preguntado para qué sirve realmente el calentamiento previo al partido?

La respuesta de la mayoría de los entrenadores es: calentar el cuerpo y prevenir lesiones.

Esa respuesta no está mal, pero solo cuenta la mitad de la historia.

Dave Wright, cofundador de PDP (Player Development Project), y James Coutts, consultor de entrenamiento, hablaron de este tema en una sesión de preguntas y respuestas. La posición de Coutts es bastante particular: es a la vez jugador en activo y entrenador profesional de formación, así que puede hablar desde las dos perspectivas, la del que "hace el calentamiento" y la del que lo diseña.

Después de su conversación, la conclusión es bastante demoledora:

El calentamiento previo al partido es una de las mejores oportunidades de coaching de toda tu semana. Pero la mayoría de los entrenadores convierten esos 15 minutos en filas para dar vueltas al campo.

Los niños no necesitan "calentar", necesitan tocar el balón

Empecemos por la etapa de base, niños de U7 a U11.

A esta edad, el objetivo principal del calentamiento previo al partido no tiene nada que ver con la preparación física. En el momento en que llegan al campo ya están calientes: emocionados, curiosos, con ganas de jugar. Tu trabajo no es "prepararlos", sino no apagarles la ilusión.

Wright lo dice sin rodeos: si pones a niños de esta edad a hacer filas para correr o estirar, no estás calentando, estás matando su interés por el fútbol.

Entonces, ¿qué hay que hacer? Muy sencillo: repartir balones. En cuanto lleguen, balones fuera. En parejas, a hacer toques, pases, jugar libremente. Después, un Rondo para que todos toquen el balón. Y al final, puedes añadir un poco de trabajo posicional sencillo para que sientan "más o menos dónde voy a estar en el partido".

Pero el trabajo posicional tiene una trampa muy común. Coutts dice que ha visto demasiados entrenadores poniendo a 9 jugadores en sus posiciones, pasándose el balón lentamente de uno a otro, sin oposición, sin ritmo. Sí, los niños "ven" la formación, pero ¿qué tiene eso que ver con el partido? ¿Alguien se queda quieto esperando que le pasen el balón en un partido real?

Una alternativa mucho mejor es hacer un 9v4 o un 9v3: los 9 titulares contra un pequeño grupo de presión formado por los suplentes. Así, los titulares tienen sensaciones de partido y los suplentes no se quedan mirando desde fuera, sino que participan y se sienten parte del equipo.

Hay otra cosa que merece atención: incluso con los más pequeños, puedes empezar a construir la idea de que "el calentamiento es parte de la rutina del día de partido". Una secuencia fija les da seguridad: saben qué hacer al llegar al campo, qué viene después y qué hacen al final. Ese sentido de ritual es más importante de lo que imaginas.

En la adolescencia, la preparación física empieza de verdad

Al entrar en la etapa de U12 a U16, las cosas cambian.

Los chicos están creciendo, las articulaciones cambian, los músculos se readaptan al crecimiento óseo. En este momento el riesgo de lesiones sube de verdad, así que programas de preactivación como FIFA 11+ pueden empezar a introducirse. Wright es muy claro en esto: una vez que entran en el pico de crecimiento, tienes que tomarte en serio la prevención de lesiones.

Pero Coutts añade un punto clave: no dejes que la preactivación se convierta en un proceso dirigido al 100% por el entrenador.

En su club lo hace así: tanto en entrenamientos como en partidos hay una rutina de preactivación, pero una vez que los jugadores la entienden, se la entregan a ellos para que la gestionen solos. El entrenador deja de estar ahí dirigiendo paso a paso "ahora haced esto, ahora haced lo otro", y pasa a un segundo plano, dejando que los jugadores completen el proceso por su cuenta.

La lógica detrás de esto es la misma que aplicamos al diseño de sesiones de entrenamiento: cuanta más autonomía tiene el jugador, mayor es su implicación. Con el calentamiento pasa exactamente lo mismo.

Lo más importante del calentamiento no tiene nada que ver con el cuerpo

Esto es algo que Wright y Coutts repiten una y otra vez, y que muchísimos entrenadores ignoran por completo:

El calentamiento previo al partido es tu mejor ventana para trabajar la parte mental.

Piénsalo: ¿cuánto tiempo tienes en un día de partido para hablar individualmente con los jugadores? La charla previa es colectiva, el descanso es para ajustes tácticos, el final del partido es para hacer balance. La única ventana son esos momentos del calentamiento, cuando los jugadores están pasándose el balón en parejas, haciendo un Rondo o en actividad libre.

Coutts cuenta que cuando dirige equipos de alto nivel, durante el calentamiento se acerca a distintos jugadores y les dice frases muy cortas:

"Hoy no te van a poder parar."

"Acuérdate del movimiento que practicamos el miércoles, hoy hazlo en el partido."

"Vienes en un momento de forma increíble, hoy es tu partido."

Esas frases no llevan más de 10 segundos, pero el efecto es visible al instante: puedes ver cómo la mirada del jugador cambia en cuanto las escucha.

Wright comparte la misma visión: cuando los jugadores están tocando el balón libremente, el entrenador debería ir uno por uno, dándole a cada uno lo que necesita según su situación. Unos necesitan ánimo, otros necesitan un recordatorio, otros necesitan un abrazo, otros necesitan un reto.

No es psicología avanzada, pero requiere que el entrenador conozca a sus jugadores: saber cómo le va últimamente a ese chico, qué pasó en el último partido, cuál es su estado mental ahora mismo. Eso es lo que de verdad tiene valor como acción de coaching en el calentamiento previo al partido.

Klopp de pie en la línea de medio campo, sin decir nada

Cuando la conversación llega al alto rendimiento, Coutts cuenta una historia que deja huella.

Hace unos años volvió a Inglaterra y fue a ver un partido entre Bournemouth y Liverpool. Llegó muy temprano y se dedicó a observar el calentamiento previo del Liverpool.

El Liverpool empezó con varios Rondos y después pasó a un ejercicio de ataque en 9v0: sin defensa, los 9 jugadores simulando circuitos de ataque una y otra vez. A Coutts le picó la curiosidad, y esa noche durante la cena le preguntó a un miembro del staff del Liverpool. La explicación de la lógica de Klopp fue esta:

"Nuestra forma de jugar es atacar sin parar. Así que en el calentamiento tenemos que entrar en ese modo con antelación: completar entre 20 y 30 ataques antes del pitido inicial para que la memoria muscular se active de antemano."

Pero lo más interesante fue otro detalle: Klopp estuvo todo el rato de pie en la línea de medio campo, sin decir una sola palabra, simplemente observando cómo los jugadores completaban todo el calentamiento por su cuenta.

A Coutts esa imagen le impactó especialmente. Dice que en sí misma es un mensaje psicológico poderosísimo: "Estoy mirando, pero no necesito decir nada. Estáis preparados. Confío en vosotros."

Eso ya es otro nivel. Pero el requisito previo es que el equipo ya tenga una rutina de calentamiento completamente interiorizada, sin necesidad de que el entrenador dirija nada.

Lo que Wright hizo en el Melbourne Victory

Cuando Wright dirigía el U20 del Melbourne Victory, aplicaba una filosofía similar. Diseñó una rutina de calentamiento directamente conectada con la forma de jugar del equipo: pases rápidos en espacios reducidos, integrando principios posicionales. ¿Puedes recibir el balón por delante del rival que te marca? ¿Puedes encontrar el espacio entre líneas?

Cuenta que después de un tiempo con esta rutina, los propios jugadores se hicieron cargo. El entrenador solo tenía que montar el espacio, decir un par de frases, y el resto era cosa de los jugadores.

En el fondo, ese es el objetivo final del diseño del calentamiento: tú lo diseñas, se lo enseñas y luego te retiras.

Sin ganar y perder no hay calentamiento de verdad

Coutts también menciona un detalle de diseño que muchos entrenadores pasan por alto: el calentamiento debe incluir competición.

En su club, cuando juegan de local, van al campo auxiliar y hacen un partidillo reducido con tiempo fijo, marcador, ganadores y perdedores. A los jugadores les encanta, porque la competición genera comunicación, intensidad e implicación.

La razón es sencilla: el partido en sí es competición. Si el calentamiento no tiene ningún elemento competitivo, los jugadores no entran en modo competitivo hasta el pitido inicial, y eso equivale a un arranque en frío.

Que llueva y solo tengas 12 minutos no es motivo de pánico

Para terminar, hablemos de adaptabilidad.

No siempre vas a tener condiciones perfectas para el calentamiento. Ir de visitante, un campo desconocido, poco espacio, mal tiempo... todo eso es la realidad. Coutts dice que precisamente esas experiencias te hacen mejor entrenador: tienes que ser capaz de agarrarte a lo esencial cuando las condiciones cambian.

¿Qué es lo esencial? Tres cosas: tocar balón, oposición y competición. Mientras esas tres estén presentes, la forma puede ser cualquiera.

Wright cuenta una anécdota real muy buena: en un partido les pilló una tormenta eléctrica, el inicio se retrasó, el campo estaba encharcado, solo tuvieron entre 10 y 12 minutos para calentar, y el balón se paraba en los charcos. Fue probablemente el peor calentamiento de toda la temporada.

¿Y el resultado? Jugaron uno de los mejores partidos de todo el año.

Así que sí, el calentamiento es importante, pero no es el único factor que determina el resultado del partido. Cuando las condiciones son adversas, en lugar de agobiarte pensando "no hemos calentado bien", conviértelo en una oportunidad de cohesión grupal: afrontamos la dificultad juntos y luego saltamos al campo.

Los 15 minutos previos al partido son el partido del entrenador

En definitiva, la esencia del calentamiento previo no es "calentar el cuerpo": eso es solo la función más básica.

Su verdadero valor está en esto: es la única ventana del día de partido en la que el entrenador puede crear impacto de forma activa. Una vez que empieza el partido, el balón está en el campo y las decisiones son de los jugadores. Pero antes del pitido inicial, todavía tienes 15 minutos.

En esos 15 minutos, puedes hacer que los jugadores toquen el balón, que sientan el ritmo del partido, que se activen compitiendo, y luego acercarte en el momento justo y decir la frase correcta.

O también puedes ponerlos a dar vueltas en fila.

La elección es tuya.